Compromis 03

En estos momentos, creo que es necesario sacar al aire y comentar algo que llevo desde hace tiempo pensando y comprobando sobre la llamada “Sectorial de Fallas”. Pues el tema de la indumentaria oficial es solo la punta del iceberg de la gestión de esta sectorial de Compromís.

Es el grupo dentro del partido que controla el tema fallero a nivel local en Valencia y con menos intensidad, casi imperceptible en algunos pueblos. Pero sin duda, el Cap i Casal es donde se forja la historia diaria de las fallas. Donde nacieron y donde más llama la atención cualquier cosa que se haga y eso hace que se mire con lupa todo lo que acontece.

Aviso que puede ser un post largo y en ocasiones complicado de entender.

Este grupo lleva más de 10 años trabajando para el momento en que pudieran gobernar las fallas poner en práctica sus ideas.
Corría el año 2007-2008 cuando los ahora máximos exponentes de esta sectorial y cabezas pensantes, Josep Lluis Marín y Gil Manuel Hernández, ya venían a la radio a contarnos sus ideas sobre unas nuevas fallas, sobre las fallas franquistas y sobre los libros que habían escrito como base de su idea de lo que para ellos debían de ser las fallas en Valencia, acusando a las actuales de ser “franquistas y decadentes”. Recuerdo frases que dijeron entonces que entroncan perfectamente con lo que ahora está sucediendo.

Casualmente, estas dos personas son las dos que entraron en el Ayuntamiento de Valencia en un concurso público en el que “casualmente” solo ellos cumplían las condiciones expresas puestas por Fuset que se solicitaban para acceder cada uno de ellos a este concurso. Obviamente, los puestos han sido para ellos estando dentro del Ayuntamiento de Valencia como funcionarios.

Esta sectorial es la que se reúne periódicamente y es en la que se deciden los temas falleros y por donde van a ir cada uno de ellos. Vamos, que la decisión de por donde deben de ir las fallas se toma desde un partido político, desde Compromís, que lleva años preparando el terreno y a quienes las elecciones del 2015 les pilló un poco a contrapie pues esperaban gobernar ahora, en el 2019. No entonces. Pero se sobrepusieron y les tocó acelerar algunos temas que aún no tenían madurados.

Y uno de ellos fue el intento de “polinizar” las comisiones y las agrupaciones de falleros adeptos a la causa compromisera para desde la propia base controlar la fiesta. Pero la falta de madurez en este intento y la oposición que encontraron en unas fallas que pasaban del tema pero que les suponía un gran contratiempo pues no consiguieron su objetivo, hizo que se pudiera ver afirmaciones del tipo de que “los presidentes no dejan actuar a las bases y son dictadores” que dijo tras unas fallas el presidente Fuset.

Esta afirmación entraba dentro de una dinámica de impotencia por conseguir el control general. Aunque si que lo habían conseguido en alguna agrupación y en unas cuantas fallas diseminadas “colocando” a presidentes al frente de ellas, pero sin relevancia.

Relevancia nula de estas fallas “reconvertidas” a la causa por elementos internos que han llegado a bombardear anímicamente a presidentes anteriores y relevancia nula ante alguna agrupación que hemos visto como ha intentado ser controlada bien desde la propia presidencia, bien desde algún delegado de sector.

Además, se unió la oposición frontal que desde la Interagrupación se le presentó a la sectorial quienes no han desaprovechado el más mínimo resquicio, como el hecho del 9 de octubre, para intentar desacreditar a su presidente anterior tratando de tirarle encima a las fallas y a las propias agrupaciones sin éxito ninguno. Hecho que unido a la continua pérdida de batallas en las asambleas por parte de Fuset, con hechos hasta ahora insólitos en el mundo fallero como abandono de “casi todos” los presidentes de la asamblea de hace algunos años (curiosamente, uno de los 15 que no se marcharon fue el actual secretario general entonces presidente de la falla Universitat Vella-Pza. del Patriarca) o la reprobación del propio Fuset que sufrió tras avatares varios.

Una Interagrupación que también se intentó bombardear desde dentro, pero sin ningún éxito, todo lo contrario, cada movimiento suponía una unión de todos los presidentes de agrupación y un refuerzo para la figura del presidente.

Ante los nulos resultados y el desgaste sufrido por Fuset y su equipo, con cambios constantes de vice presidentes, la sectorial se ha seguido empleando a fondo para que estos hechos no le desviara de sus objetivos de intentar modelar las fallas a su ideología para que dejaran de ser un obstáculo para poder desarrollar en todos los ámbitos de la sociedad valenciana sus simpatías con lo que sucede en Cataluña, declarado por muchos de sus líderes quienes no se cortan a la hora de mostrarse partidarios del proces.

Tanto es así, que el cambio de secretario general de manera tan radical ha sido porque Ramón nunca aceptó mezclar fallas y política al ritmo que ellos querían lo que les obligó a relevarlo por Chimo García quien parece que es más sumiso a las directrices impuestas por los pensantes de esta sectorial.

Pensantes cuyas doctrinas comparten y difunden los demás componentes, aún sin que en ocasiones entiendan muy bien de que va, o que apenas piensen por si mismos ante la credibilidad de la que dotan a sus máximos exponentes antes nombrados, con la necesaria colaboración de la propia Mónica Oltra y algún que otro presidente o ex presidente de falla, pero con muchísimo menos peso específico que la vice presidenta del Consell.

Y todo esto a pesar de que Fuset tampoco ha seguido ciegamente las indicaciones de la sectorial sabedor que, hoy por hoy, es irreemplazable en la labor encomendada pues con el Reglamento Fallero en la mano, Ribó no tiene recambio para Pere. Y el que hay se niega en absoluto a coger el marrón que supone presidir en estas circunstancias la Junta Central Fallera. Y la sectorial lo sabe y no tiene más remedio que mantener al actual presidente.

Desobediencia que le ha llevado a algún que otro fracaso y alguna que otra discusión con sus compañeros de sectorial, pero que no ha pasado de ahí. Pues el pacto de no agresión es vital para la continuidad de la polinización de la doctrina.

Entendiendo todo esto como un todo, se comprende hechos que estamos viendo desde el principio como son la forma de contratar las fallas municipales, los carteles anunciadores y otros servicios y trabajos que dan una idea de lo que para ellos debe de ser las fallas, aunque no estén en sintonía con la mayoría de falleros. Casos que analizan con cuidado y detalle para no desgastarse más de lo debido pues son sabedores que su nicho de votos no lo tienen en las fallas ni mucho menos. Y la muestra la tenemos en el resultado de las elecciones municipales donde fueron los más votados.

Pero los errores cuentan y uno grave lo tuvo Fuset en la pasada asamblea cuando argumentó que las medidas que toman están en su programa electoral, el de Compromís, y que como habían ganado no tenía problemas en ponerlas en marcha, caso de las carpas, por ejemplo.

Pero esto es terreno resbaladizo que siguen analizando (la sectorial es un constante análisis de hechos, resultados y reacciones de los falleros) para no tener más problemas. Pues la marcha de los presidentes de Malvarrosa-Cabañal-Beteró de la asamblea del martes pasado y su repercusión mediática saben que no es para nada positiva. Y es una más. Y no es puede argumentar algo que todos sabemos que es mentira: los ciudadanos no votaron a Compromís por su programa fallero.

Pero son estudiosos del pasado, no en vano, el presidente de la ADEF (Asociación de Estudios Falleros) es un fiel componente de esta sectorial y conoce muy bien la historia de las fallas, y es un fiel seguidor de la doctrina del partido. Trazan estrategias muy detalladas y con unos elementos de referencia casi imperceptibles para el común de los falleros.

Su trabajo es minucioso, pero a veces falto de experiencia en el mundo fallero. Erróneo con la idiosincrasia fallera. Muchas veces falto de esta experiencia y pecando de supremacismo que choca con la singularidad fallera.

Cuando la izquierda comunista comienza a tener relevancia en la sociedad valenciana a través de la política, analiza sus mayores obstáculos y ven que las fallas es uno casi insalvable. Y comienzan a cambiar la estrategia de considerar a las fallas como un arte menor, sin relevancia social y hostil desde la propia universidad, a ser un gran exponente del arte y de la sociedad tratando de apropiarse de este arte para a través de él, llegar a la gente llana y modelar una parte de esa sociedad amante de las fallas.

Pero la propia dinámica de las fallas de por sí, es un problema, y para ello emplean una fórmula repetida hasta la saciedad tratando de generar conciencia progresista calificando a las fallas “barrocas” como franquistas para intentar crear un caldo de cultivo que provoque rechazo y se vea a las fallas innovadoras como que es el futuro de las fallas. Suponiendo así que el control que ellos intentan ejercer sobre las fallas sea aceptado con estas imposiciones en lugar de dejar que la propia evolución de las fallas sea de forma natural y encaje con la misma evolución de las comisiones. Y junto a esta calificación de “fallas franquistas” hacen converger cualquier tema que les sea contrario a su ideología, aunque nada tenga que ver con las fallas en la dictadura. Pero se quedan tan panchos mintiendo.

La lucha constante de esta sectorial tiene sus frutos, algo verdes (brotes verdes) pero en un terreno bastante árido aún para ellos. Y uno de sus fundamentos para que estos brotes sigan creciendo es el intentar vaciar de contenido las asambleas para que las fallas dejen de decidir nada y sean ellos los que nos digan lo que podemos o no podemos hacer. Es una forma de tratar de compensar la falta de control que les hubiera supuesto las decisiones que se hubieran tomado en un Congreso Fallero “ad-hoc” que pretendían con un alto riesgo de inconvenientes para las fallas.

Son conocedores que las fallas no están unidas. Y una vez desactivado el nexo que suponía la Interagrupación, ven con satisfacción como las fallas no actúan como una fiesta unida. La muestra el abandono de solo un sector de la asamblea cuando la mayoría estaban de acuerdo con ese abandono, pero nadie lo hizo.

Y con estos elementos, siguen haciendo su camino. Un camino que en cinco años no es ni mucho menos el esperado para ellos, pero que en la parte que las fallas no podemos decidir pues depende del Ayuntamiento, no dudan en adaptarla o adaptar las normativas municipales para ello, caso de las luces de Ruzafa o ahora las carpas.

Ellos tienen un concepto de falla que choca contra la propia forma de verlas el común de los falleros y en ello siguen trabajando. Componentes de esta sectorial muy preparados académicamente que ponen al servicio de su partido sus conocimientos para seguir tratando de modelar un boceto que dibujaron hace años y que muchos entran a colaborar, bien por razones económicas, ideológicas o laborales o bien por desconocimiento de la realidad deslumbrados por “la modernidad” que les ofrecen.

La fiesta está decadente pues es parte de su estrategia. Cuando más desvirtuados estén la solemnidad de los actos falleros, más terreno tienen ganado. Los hechos que estamos viviendo constantemente así lo detallan.

Muchos me dicen que están arrastrando las fallas hacia una imagen de perroflautas más cercana a lo que ellos piensan que a la elegancia que hasta ahora emanaba de cualquier acto fallero. Comenzando por la imagen del “presidente nato”, Ribó, en las exaltaciones. Por ejemplo.

El trabajo de esta sectorial es incansable y continuo.

Y son los que manejan las fallas… y lo harán mientras los falleros queramos.

0
0
0
s2sdefault
Mantenida por eMain